jueves, 29 de marzo de 2012

Discurso de inauguracion de la Biblioteca de Alejandria - Umberto Eco

Tenemos tres tipos de memoria. La primera es orgánica: es la memoria de carne y sangre que administra nuestro cerebro. La segunda es mineral, y la humanidad la conoció bajo dos formas: hace miles de años era la memoria encarnada en las tabletas de arcilla y los obeliscos –algo muy habitual en Egipto–, en los que se tallaban toda clase de escritos; sin embargo, este segundo tipo corresponde también a la memoria electrónica de las computadoras de hoy, que están hechas de silicio. Y hemos conocido otro tipo de memoria, la memoria vegetal, representada por los primeros papiros –también muy habituales en Egipto– y, después, por los libros, que se hacen con papel. Permítanme soslayar el hecho de que, en cierto momento, el pergamino de los primeros códices fuera de origen orgánico, y que el primer papel estuviera hecho de tela y no de celulosa. Para simplificar, permítanme designar al libro como memoria vegetal. En el pasado, éste fue un lugar dedicado a la conservación de los libros, como lo será también en el futuro; es y será, pues, un templo de la memoria vegetal. Durante siglos, las bibliotecas fueron la manera más importante de guardar nuestra sabiduría colectiva. Fueron y siguen siendo una especie de cerebro universal donde podemos recuperar lo que hemos olvidado y lo que todavía no conocemos. Si me permiten la metáfora, una biblioteca es la mejor imitación posible de una mente divina, en la que todo el universo se ve y se comprende al mismo tiempo. Una persona capaz de almacenar en su mente la información proporcionada por una gran biblioteca emularía, en cierta forma, a la mente de Dios. Es decir, inventamos bibliotecas porque sabemos que carecemos de poderes divinos, pero hacemos todo lo posible por imitarlos. Construir, o mejor, reconstruir una de las bibliotecas más grandes del mundo puede sonar como un desafío o una provocación. A menudo, en artículos periodísticos o en papers académicos, ciertos autores se enfrentan con la nueva era de las computadoras e Internet, y hablan de la posible “muerte de los libros”. Sin embargo, el hecho de que los libros puedan llegar a desaparecer –como los obeliscos o las tablas de arcilla de las civilizaciones antiguas– no sería una buena razón para suprimir las bibliotecas. Por el contrario, deben sobrevivir como museos que conservan los descubrimientos del pasado, de la misma manera que conservamos la piedra de Rosetta en un museo porque ya no estamos acostumbrados a tallar nuestros documentos en superficies minerales. Sin embargo, mis plegarias en favor de las bibliotecas serán un poco más optimistas. Soy de los que todavía creen que el libro impreso tiene futuro, y que cualquier temor respecto de su desaparición es sólo un ejemplo más del terror milenarista que despiertan los finales de las cosas, entre ellas el mundo. He contestado en muchas entrevistas preguntas del tipo: “¿Los nuevos medios electrónicos volverán obsoletos los libros? ¿Internet atenta contra la literatura? ¿La nueva civilización hipertextual eliminará la noción de autoría?”. Ante semejantes interrogantes, y teniendo en cuenta el tono aprensivo con el que los formulan, cualquiera que tenga una mente normal y bien equilibrada pensará que el entrevistador se tranquilizaría si la respuesta fuera: “No, no, tranquilos, todo está bien”. Error. Si les dijéramos que no, que ni los libros ni la literatura ni la figura del escritor van a desaparecer, los entrevistadores entrarían en pánico. Porque si nadie muere, ¿cuál es entonces la noticia? Publicar que murió un Premio Nobel es una flor de noticia; informar que goza de buena salud no le interesa a nadie –salvo, supongo, al Premio Nobel mismo

martes, 27 de marzo de 2012

Habrá sol...

Cuando mires hacia atrás y ya no me veas Cuando mojando tus pies te adentres en el mar Y si en mitad del camino ya no hay nada a la vista Un árbol, una sombra fresca, flores de azahar... Cada vez que la brisa te recuerde Cada mármol frente al que te encuentres Cada mano que te suelte Todo nácar que se quiebre, Tu pequeño espacio de soledad... Habrá sol.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Releyendo "Tristes tópicos" de Claude Levi-Strauss, capítulo dedicado a la Escritura y su utilización como método de dominio, escrito en 1955...:
"...Aquí se ubica un extraordinario incidente que me obliga a volver un poco atrás. Se sospecha que los nambiquara no saben escribir; pero tampoco dibujan, a excepción de algunos punteados o zigzags en sus calabazas. Como entre los caduveo, yo distribuía, a pesar de todo, hojas de papel y lápices con los que al principio no hacían nada. Después, un día, los vi a todos ocupados en trazar sobre el papel líneas horizontales onduladas. ¿Qué querían hacer? Tuve que rendirme ante la evidencia: escribían, o más exactamente, trataban de dar al lápiz el mismo uso que yo le daba. Para la mayoría, el esfuerzo terminaba aquí; pero el jefe de la banda iba más allá. Sin duda era el único que había comprendido la función de la escritura: me pidió una libreta de notas; desde entonces, estamos igualmente equipados cuando trabajamos juntos. El no me comunica verbalmente las informaciones, sino que traza en su papel líneas sinuosas y me las presenta, como si yo debiera leer su res-puesta. El mismo se engaña un poco con su comedia; cada vez que su mano acaba una línea, la examina ansiosamente, como si de ella debiera surgir la significación, y siempre la misma desilusión se pinta en su rostro. Pero no se resigna, y está tácitamente entendido entre nosotros que su galimatías posee un sentido que finjo descifrar; el comentario verbal surge casi inmediatamente y me dispensa de reclamar las aclaraciones necesarias...."

Descubro que podemos relacionarlo con el texto de Jeremy Rifkin:

"...Estos cambios permitiràn producir mas bienes y servicios empleando una menor cantidad de trabajo; la consecuencia necesaria de esta Tercera Revoluciòn Industrial serà la reducciòn de la poblaciòn econòmicamente activa empleada, en la que habrìa UNA PEQUEÑA ÈLITE COSMOPOLITA DE MANIPULADORES DE SÌMBOLOS (como dirìa Robert Reich) que controlarà las Fuerzas Productivas, y trabajadores manuales y empleados que quedaràn proresivamente fuera de sus puestos de trabajo y con pocas posibilidades de ser reconvertidos para encontrar empleos en la nueva economìa globalizada y dominada por las HIGH TECH..."

Este cuarto Sector de Servicios, llamado la "Economìa del Conocimiento" serà quien tenga el poder de dominaciòn en unas cuantas dècadas.
Considero que serà el ocaso de la actual o radical concepciòn del Capitalismo y serìa interesante materia de anàlisis formular hipòtesis acerca de còmo se transformaràn (o acotaran)los diversos mercados.

martes, 6 de marzo de 2012

"MI Amigo Mutis" - Gabriel García Márquez

"Àlvaro Mutis y yo habíamos hecho el pacto de no hablar en público el uno del otro, ni bien ni mal, como una vacuna contra la viruela de los elogios mutuos. Sin embargo, hace diez años justos y en esste mismo sitio, èl violó aquel pacto de salubridad social sólo porque no le gustó el peluquero que le recomendé. He esperado desde entonces el plato amargo de la venganza, y creo que no habrá otra más propicia que ésta. Àlvaro contó entonces cómo nos había presentado Gonzalo Mallarino en la Cartagena idílica de 1949. ese encuentro parecía ser en verdad el primero, hasta una tarde de hace tres o cuatro años, cuando le oì decir algo casual sobre Félix Mendelssohn. Fue una revelación que me transportó de golpe a mis años de universitario en la desierta salita de música de la Biblioteca Nacional de Bogotá, donde nos refugiábamos los que no tenìamos los cinco centavos para estudiar en el café..."

lunes, 5 de marzo de 2012

La Balada de Narayama

Transcurre el siglo diecinueve en una remota región oriental. Entre montañas  hostiles, una cultura ligada a costumbres ancestrales repite sus ritos fundantes. Se apuesta a la vida de los jóvenes y a la muerte de los viejos. Y aunque esto no es original, lo llamativo es lo escueto del trámite. Esta comunidad no tolera una agonía lenta, dolorosa y costosa. Cuando las personas mayores se quedan sin dientes, saben que su tiempo ha llegado. Entonces, el hombre joven de la casa carga sobre su cuerpo al anciano desdentado, que por lo general es uno de sus progenitores, y lo transporta hasta un valle tenebroso. El lugar es un moridero a la intemperie. Pululan allí los cadáveres insepultos de los que ya no podían masticar sus alimentos. La ceremonia es breve y despojada. El joven se despide honrando a los dioses y el anciano se entrega al reposo final que, faltando agua y  sobrando viento, no tardará en llegar.
Esta es una sinopsis de La balada de Narayama, de Shohei Imamura. Hoy a los viejos ya no se los abandona en la soledad de un valle ni se los tira por un barranco, se los deposita en el aislamiento de un geriátrico. Donde se los somete a una ancianidad disciplinada, controlada por rejas, cerrojos, horarios estrictos y drogas adormecedoras. No hemos dejado de descartar a las personas mayores, sencillamente lo hacemos de otra manera. Quizás lo que persiste es la soledad afectiva que se registra tanto en el valle de Narayama como en el geriátrico.
El geriátrico es un invento del siglo veinte que marca un antes y un después en la relación de una cultura con sus mayores. ¿Hacía dónde se dirige una sociedad que invierte en alargar la vida al mismo tiempo que se despreocupa del destino de la ancianidad?, ¿cómo se explica que los mismos que desprecian a los viejos se esmeren para vivir la mayor cantidad de años posibles (es decir, quieran también llegar a viejos)?, ¿cuál es el sentido de la sobrevida?, ¿se disfruta o se padece?
El aumento de las expectativas biológicas de duración suele correr parejo con la falta de expectativas existenciales seductoras que acompañan esa duración. Las ciencias al servicio de la extensión de los ciclos vitales de los sujetos no deberían desarrollarse sin medir las consecuencias. Los seres sociales no somos meras vidas cerradas en sí mismas, interactuamos con el entorno humano y no humano. Aceptación, reconocimiento, participación en la producción y en el placer son algunos de los aspectos que configuran una vida plena. En lugar de ello, descalificación, fastidio e indiferencia suelen ser los sentimientos que suscitan los ancianos. Esta situación se puede iluminar con un dato histórico. En los comienzos del presente siglo una ola de calor terminó con la vida de aproximadamente tres mil ancianos en Francia. La mayoría de la población activa estaba disfrutando de sus vacaciones mientras los viejos morían solos en sus viviendas, o rodeado de aparatos en geriátricos y hospitales. Alrededor de mil cuerpos  nunca fueron reclamados. ¿Ese es el destino que queremos para nuestros seres queridos y para nosotros mismos?
Conflictos de este tipo, a pesar de provenir del desarrollo tecnocientífico, no son tenidos en cuenta por la filosofía y la historia de la ciencia tradicionales. Estas disciplinas, por el contrario, reducen la ciencia a experimento (como si en la ciencia todo dependiera únicamente del éxito de la experimentación), o analizan la ciencia desde el punto de vista del lenguaje (como si las decisiones de la ciencia dependieran de las proposiciones gramaticales).
Es decir, reducen la ciencia a conocimiento, eludiendo así la complejidad social y cultural en la que se entreteje la empresa científica. Pero la ciencia es mucho más que mero conocimiento, pues interactúa con el poder y -como cualquier sociedad humana- tiene connotaciones éticas. Sin embargo, cuando se escamotea el análisis de los mecanismos de poder insertos en las teorías y en las prácticas científicas, se oculta la incidencia de los grandes intereses económicos, políticos y bélicos que conforman el entramado de la ciencia y se esconden sus consecuencias sociales.


-ESTHER DíAZ-

viernes, 2 de marzo de 2012

Tan cierto...

Als die Nazis die Kommunisten holten,habe ich geschwiegen,
ich war ja kein Kommunist.
Als sie die Sozialdemokraten einsperrten,habe ich geschwiegen,
ich war ja kein Sozialdemokrat. Als sie die Gewerkschafter holten,
habe ich geschwiegen,ich war ja kein Gewerkschafter.
Als sie mich holten, gab es keinen mehr, der protestieren konnte...


Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,guardé silencio,
porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,guardé silencio,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar...

-Martin Niemoeller-

jueves, 1 de marzo de 2012

ENSEÑARAS

Enseñarás a volar...
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar...
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir...
pero no vivirán tu vida.
Enseñarás a cantar...
pero no cantarán tu canción.
Enseñarás a pensar...
pero no pensarán como tú.
Pero sabrás que cada vez que ellos
vuelen,sueñen,vivan,canten y piensen...
estará la semilla del camino enseñado y aprendido.


Madre Teresa de Calcuta