lunes, 13 de noviembre de 2017

El niño jazmìn

Me detuve a pensar en que a veces ser guerrero es consecuencia de que la vida te quitò de tu lugar de niño y te obligo a salir y pelearla., que la miseria en la niñez es la herida mas lacerante en la sombra de su adultez, (¿què niño puede ser culpable de nacer donde nace? ); que un par de piecitos descalzos guardarà el frìo en el alma para toda su vida, no habiendo abrazo tibio ni sopa caliente que se lo quite; que la lluvia, tremendamente, serà para èl una razòn de miedo, acaso no por los monstruos imaginarios que tronen sino porque dormirà en una silla a causa del agua que de la chapa cae sobre su camita. Dormitando, medio ojo abierto, atento a que el agua no entre a la casilla , para levantar los pies y no quedar "pegado". Yo te abrazo, niño pequeño de mochilita magra y guardapolvos sin botòn, tu manito pegajosa aferrada a la de tu hermana, este mundo de adultos importantes al que no le importas nada no te echarà de menos si no regresas tras la mìsera merienda escolar, a tu modesta morada. Sueño con que ya no te llamen 47.532.224 sino Martìn, y que el mendrugo de pan que llevas a tu pancita flaca, se convierta en una cena como las que hacen -cuando tienen con què- las Mamàs.
Te ruego, vive siempre sonriendo, jugando con lo que tengas ( pelota, espadas de corsarios, insectos, figuritas..) y abrigando esperanzas, mi niño chiquito, que yo te prometo: lucharè las batallas que sean por tì.