miércoles, 28 de diciembre de 2011

Lukari lee el papiro:

"Y se acerco el sacerdote al dueño de los destinos y dijo inclinándose con respeto:
-¡Gran faraón! Las tropas estan formadas, los soldados ansían ir al combate. ¿Porqué esperas?
El joven faraón volvió su altiva cabeza. Contempló al sacerdote, sumiso ante èl. La pesadumbre inundaba sus ojos lo mismo que el Nilo inunda en otoño la tierra de Egipto.
-¡Oh, sacerdote! -dijo el faraón- Has de saber que mi corazón está de luto. En esa batalla contra los sirios les espera la muerte a mis servidores más valientes y leales. ¡Lloro a mis soldados, oh sacerdote!
La cabeza afeitada del sacerdote se inclinó. Recogió su vestidura blanca.
-Has de saber, gran faraón, que los sabios no lloran a los vivos ni a los muertos. No hay, no ha habido ni habrá en los siglos venideros ninguna época en que no haya existido cada hombre..."

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Poquitin mas de el :)

‎"No reniego de mi pasado, estoy ligado a el, pero si todavia vive en mi yo ya no estoy en el. Pertenezco a lo que he denominado, junto con otros, una Sociedad posindustrial,pero por mi personalidad y las condiciones en las que ella se formo, pertenezco a un pasado inmemorial,que por cierto es preindustrial...de forma tal que tengo la impresion de moverme sin descanso entre los siglos XIX y XXI, siendo el XX,para mi un simple lugar de paso" ---Alain Touraine

Alain Touraine...

A fines del siglo pasado, en plena industrialización del mundo occidental, los sociólogos nos enseñaron que pasábamos de la comunidad, encerrada en su identidad global, a la sociedad, cuyas funciones se diferenciaban y racionalizaban. La evolución que hoy vivimos es casi la inversa. De las ruinas de las sociedades modernas y sus instituciones salen por un lado redes globales de producción, consumo y comunicación y, por el otro, crece un retorno a la comunidad. Habíamos sido testigos del ensanchamiento del espacio público y político; ¿no se desintegra ahora bajo los efectos opuestos de la tendencia a la privatización y el movimiento de globalización?
Es cierto que vivimos un poco juntos en todo el planeta, pero también lo es que en todas partes se fortalecen y multiplican los agrupamientos comunitarios, las asociaciones fundadas en una pertenencia común, las sectas, los cultos, los nacionalismos, y que las sociedades vuelven a convertirse en comunidades al reunir estrechamente en el mismo territorio sociedad, cultura y poder, bajo una autoridad religiosa, cultural, étnica o política a la que podría llamarse carismática porque no encuentra su legitimidad en la soberanía popular o la eficacia económica y ni siquiera en la conquista militar, sino en los dioses, los mitos o las tradiciones de una comunidad. Cuando estamos todos juntos, no tenemos casi nada en común, y cuando compartimos unas creencias y una historia rechazamos a quienes son diferentes de nosotros.
Sólo vivimos juntos al perder nuestra identidad; a la inversa, el retorno de las comunidades trae consigo el llamado a la homogeneidad, la pureza, la unidad, y la comunicación es reemplazada por la guerra entre quienes ofrecen sacrificios a dioses diferentes, apelan a tradiciones ajenas u oponen las unas a la otras, y a veces hasta se consideran biológicamente diferentes de los demás y superiores a ellos. La idea tan seductora del melting pot mundial que haría de nosotros los ciudadanos de un mundo unido no merece ni el entusiasmo ni los insultos que suscita con tanta frecuencia; está tan alejada de la realidad observable, aun en los Estados Unidos, que no es otra cosa que la ideología muelle de los empresarios de espectáculos mundiales.
Estamos ya reviviendo la historia de esa ruptura de las sociedades nacionales en beneficio, por un lado, de los mercados internacionales y, por el otro, de los nacionalismos agresivos? Esta ruptura entre el mundo instrumental y el mundo simbólico, entre la técnica y los valores, atraviesa toda nuestra experiencia, de la vida individual a la situación mundial. Somos a la vez de aquí y de todas partes, es decir, de ninguna. Se debilitaron los vínculos que, a través de las instituciones, la lengua y la educación, la sociedad local o nacional establecía entre nuestra memoria y nuestra participación impersonal en la sociedad de producción, y nos quedamos con la gestión, sin mediaciones ni garantías, de dos órdenes separados de experiencia. Lo que hace pesar sobre cada uno de nosotros una dificultad creciente para definir nuestra personalidad que, en efecto, pierde irremediablemente toda unidad a medida que deja de ser un conjunto coherente de roles sociales. Con frecuencia, esa dificultad es tan grande que no la soportamos y procuramos escapar a un yo demasiado débil, demasiado desgarrado, mediante la huida, la autodestrucción o la diversión agotadora.
Lo que denominábamos política, la gestión de los asuntos de la ciudad o la nación, se desintegró de la misma manera que el yo individual. Gobernar un país consiste hoy, ante todo, en hacer que su organización económica y social sea compatible con las exigencias del sistema económico internacional, en tanto las normas sociales se debilitan y las instituciones se vuelven cada vez más modestas, lo que libera un espacio creciente para la vida privada y las organizaciones voluntarias. ¿Cómo podría hablarse aún de ciudadanía y de democracia representativa cuando los representantes electos miran hacia el mercado mundial y los electores hacia su vida privada?

lunes, 19 de diciembre de 2011

Què lecciòn!

“Todo ha sido un error. No deberíamos haber llegado hasta aquí.Pero estamos aquí.
En las grandes historias, señor Frodo, las que realmente importan. Llenas de oscuridad y peligros siempre. De las que no quieres saber el final porque… ¿Cómo van a acabar bien? ¿Cómo va a volver el mundo a ser lo que era después de tanta maldad?
Al final, todo esto es pasajero… Esta sombra. Hasta la oscuridad se acaba. Llegará un nuevo día. Y cuando el sol brille, brillará más radiante aún.
Estas son las historias que no se olvidan, porque significaron mucho. Aún siendo demasiado pequeño para entenderlas.
Pero creo, señor Frodo, que ya lo entiendo. Ahora lo entiendo.
Los protagonistas de esas historias tienen oportunidades de rendirse, pero no lo hacen. Siguen adelante porque luchan por algo.
Yo lucho por que reine el bien en este mundo, señor Frodo. Por eso, merece la pena luchar.”


"El Retorno del Rey"