miércoles, 9 de mayo de 2012
Rutinas del cariño
Fue curioso el modo que tuvimos de relacionarnos con ella. Transitábamos esta vida en diferentes capas de tiempo...aunque compartiendo el mate cocido hirviendo del desayuno, acompañado por unos cuantos criollos.
Inexorable era la audición, a las cinco y media de la mañana, del Santo Rosario, leído por alguna voluntariosa feligresa que se esmeraba por transmitir con parsimonia y tono monocorde las oraciones carentes ya de semántica alguna, pero sonaba compungida, eso si.
Y así, los días empezaron a contarse de a dos (en dos)
Mi primer apodo fué "La esperada". Nunca supe si debía o no estar feliz por éllo:"Ahí llega la esperada..."
¿Qué significaba ése apodo? ¿Quién me esperaba? ¿Para qué? ¿Porqué? Sólo resonaban en mi mente difusa las palabras sueltas en aquel festejo familiar: "No, no te ve, ella tiene sus ojos puestos en el cielo...usted entiende" Se refería a mí. Yo no veía
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