domingo, 10 de marzo de 2013

Tengo que cuidar más mi alma; ella se desprende cada vez con más frecuencia de mí y se anda por aquella región tan grata al recuerdo y al corazón. Anda vagando en las vueltas del río, está en los árboles que plantamos, camina por las huellas incansable, busca flores de garabato y está siempre cerca de ustedes. Un día he de volver a buscarla, iré al río y allí llamaré por mi nombre, andaré por los caminos gritando mi nombre y he de gritar mi nombre a los árboles. Y he de recuperarla. Pero aún así no te olvidaré, Shunko. No te olvidaré porque al pensar en ti pienso en todos los chicos campesinos, en los que he conocido y en los que no he visto nunca. Tampoco he de olvidarme de tu vida dura y difícil. Te prometo que si algún día está en mis manos aliviártela lo he de hacer. ¡Ah!, no creas que estoy hecho un pueblero; te diré que cuando tropiezo o me enojo, todavía digo malas palabras en quichua. Adiós, salvaje. Tu maestro "que antes era" -Shunko-