lunes, 15 de julio de 2013

No miedo a la oscuridad

Y es con cada luz que se apaga que se descuelgan las sombras. Se desperezan, estiran bien los brazos y salen a pasear por los ambientes vacíos de vida. Al despertarme en medio de la noche, de repente, he descubierto a alguna de ellas sentada en mi mesa de luz, leyendo mi cuaderno de notas. Debió resultarle algo aburrido puesto que abandonó pronto su lectura y -bostezando- se echó a los pies de la cama. Treinta y siete cuentas de vidrio engarzadS en un lazo mohíno pasan de una mano a la otra como si meditara un rosario de misterios inexorables, todo es vida.