Y es con cada luz que se apaga que se descuelgan las sombras. Se desperezan, estiran bien los brazos y salen a pasear por los ambientes vacíos de vida. Al despertarme en medio de la noche, de repente, he descubierto a alguna de ellas sentada en mi mesa de luz, leyendo mi cuaderno de notas. Debió resultarle algo aburrido puesto que abandonó pronto su lectura y -bostezando- se echó a los pies de la cama.
Treinta y siete cuentas de vidrio engarzadS en un lazo mohíno pasan de una mano a la otra como si meditara un rosario de misterios inexorables, todo es vida.
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