A veces, simplemente, se pierden las ganas. La inercia te atrapa, pegagosa, dorada...y lo que mata no es la humedad sino la inercia.El biorritmo se aletarga y la sombra que se proyecta es como cuando el sol se ubica perpendicular a al espíritu, en ese crepúsculo etéreo de esmerilada sensación es que me hallo. Flotando, anestesiada, en off, voces que se acercan, miradas que no son, no reconozco traza, falta sol.
4 comentarios:
lindo :)
Gracias
Mis días tristes. 10/VIII/011
A veces me levanto de la cama y una parte de mí se queda en ella, bajo las sábanas. Aunque el día sea cálido y soleado, hay una parte de mí que algunas mañanas no me quiere acompañar. Me aseo, desayuno y salgo con mi perro a pasear. Mis pasos no son decididos, mis músculos están agarrotados, casi no tengo fuerza para abrir la puerta del ascensor; sólo puedo tomar aire profundamente y concentrándome, como si eso fuese lo último que tuviese que hacer en esta vida, tirar de la puerta y abrirla. Lo siguiente es pulsar el botón de bajada, entonces tengo un instante de respiro hasta tener que dar el paso siguiente.
En estos días mis paseos son unas veces largos y otros cortos, no siguen una pauta concreta, pero en todos ellos siento lo mismo: una exacerbada agitación interior. Es como si mi interior no encajara bien con el recubrimiento exterior y con los pasos se fuera moviendo y agitando como una lavadora mal estabilizada; como esa botella de agua olvidada en el maletero del coche que nos va molestando durante todo el viaje.
Cierro los ojos fuertemente, aunque siga andando cierro los ojos cada corto trecho. Eso me proporciona cierto alivio, parecido al corto trayecto en el ascensor. Son estrategias que poco a poco y a lo largo de mis años he ido aprendiendo para salvar el abismo del profundo desasosiego de esos días.
Convivo con mis días tristes, no los maldigo ni los desprecio porque forman parte de mí. Sin ellos no sería el mismo: quizás fuera más feliz o no; quizás más alegre o no; quizás más desdichado, no lo sé. De nada me sirve pensar en cosas que no está en mis manos ni cambiarlas ni transformarlas.
Esos días los suelo pasar en una sana soledad. No me gusta compartir esos días con nadie, me asalta un profundo egoísmo por ser el único en pasar ese tiempo conmigo mismo. Procuro no ir a comprar, ni hablar por teléfono, ni ir al cine, ni a mi estudio. Esos días tampoco leo ni escribo. Sólo puedo pasear, comer ligeramente y sentado en mi sillón oír música. Los días en que me coincide con mi trabajo, intento pasar lo más desapercibido posible, saludo ligeramente y me escabullo de reuniones y de charlas animadas.
Ceno temprano y me acuesto. Afortunadamente en la cama me aguarda mi otro yo; el que no quiso levantarse conmigo. Cierro los ojos y confío en poder despertarme al día siguiente para poder seguir disfrutando de mi vida, aunque en ella existan mis días tristes.
Muy bueno, Bruno, saludos :)
Publicar un comentario