Me sente frente a èl, al apoyar mis brazos sobre el extenso escritorio se me enfriò el alma. Me mirò fijo a los ojos, me adivinò extraviada, me intuyò ansiosa. No quise mirarlo a los ojos, no pude.
Afuera, el viento gèlido helaba el aliento. Entre nosotros, lo ùnico tibio era el deseo.