jueves, 26 de julio de 2018

ADHIOFORON

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miércoles, 25 de julio de 2018

Sobre el manejo de la ansiedad

Comencé a elucubrar.... Cómo hacer para que los pensamientos,  no los razonamientos,  no nos generen ansiedad. Acaso sea la razón compatible con la ansiedad. . .
La ansiedad es, en si misma,  sintomatica, nos advierte. Pero no sabes qué la causa,  ni qué nos advierte,  por eso me atrevo sólo  a garabatear, a esbozar cómo  morigerarla,  como ir horadandola.
Un miedo.  Un miedo creado para temer un riesgo potencial de escasa probabilidad de ocurrencia, entonces, podría yo calculando la probabilidad más certera de que ocurra el aun inexistente tan temido hecho lograr que la ansiedad desaparezca?
Posibilidad no es igual a probabilidad. Determinar la primera,  formal o real,  nós ayudaría bastante a restringir el universo irracionalmente infinito de probabilidades de nosotros,  los ansiosos.

martes, 24 de julio de 2018

Eusebio del valle

A veces y sólo a veces,  un caprichoso tramo de luz solar irrumpe, irreverente,  en la silenciosa habitación de don Eusebio Amada.  Las alpargatas de impecable lona,  negras,  arratonadas, con suela de yute algo gastadas,  lo trasladan desde la cama deshecha (siempre estuvo deshecha) con pasos cansinos pero etéreos,  casi sin apoyar la planta en el piso de cemento  áspero,  hasta la cocina.  Esta siempre guarda la tibieza como una poco convencional reserva de calor solar y del fuego nocturno de la preparación de la cena.  Posa el jarrito enlazado sobre la hornalla más pequeña,  para preparar su infusión matinal.  En ese cotidiano transitar se ha preguntado si los aÑos le han ido quitando peso a su cuerpo,  de osamenta ancha y concreta,  como si el estado sólido del alma pudiera irse desagregando en partículas y por la poco estudiada ley de anti gravedad uedira elevarse hasta desaparecer en la atmósfera.
El agua está hirviendo,  vuelca un poco en el tazon de porcelana fragmentada,  pone el saquito de yerba y espera de pie junto a la mesada de mármol.
También la cabeza le pesa menos,  siente y percibe,  intuye que es porque se van borrando , de a uno,  los recuerdos que lo aullaban en las siestas cada vez más extensas del invierno asoleado.
Su fasciculo uncinado va perdiendo actividad,  los recuerdos existen,  si,  pero no logra la reconciliación de los mismos.
Mauro,  Eugenia,  Julia,  capitán (su perro), el Efraín (quien atiende la proveeduria)...si,  los recordaba,  al menos recordaba a sus hijos,  a su perro,  al vecino... A su edad,  en su vida,  cada recuerdo era un regalo.  En su soledad,  en su tácito tormento. . . Cada recuerdo era una laceracino del espíritu