miércoles, 26 de diciembre de 2007

La mujer en tu vida

Quizas no encuentre yo senderos mas funestos
Quizàs no vuelva a sentir abrigo màs querido
Es probable que el aburrimiento me nuble el sentido
Y que miles de brazos mañana sean mi nido

Seguramente escucharè mentiras mas dignas
Y percibirè verdades mas reales y molestas
Cruzarè inciertas fronteras de cordura,
Y optarè por refugiarme en una locura un poco mas honesta

Pero jamàs voy a esperar a que amanezca antes de tiempo
Vivirè y transitarè cada estrella de la solitaria noche
Repasando, para mis adentros, aquellos momentos
Que, por su ternura, se han vuelto ya inolvidables


Y Tù en tu camino…en tu ajetreado camino
Sorprenderàs siendo un mercenario afiebrado
Seràs fulgor de viento, algùn astro desorbitado
Estela de un tiempo no terrenal ni pensado, ni pasado

Te amaràn tantas mujeres! algunas sin razòn, otras,
porque la perdieron y hasta aquella que no posea corazòn
Descansarà tu alma en algún abrazo pago por adelantado
y despertaràs al dìa buscando un diezmo de amor


Pero yo, lo descubriràs, habrè sido LA MUJER en tu vida…

lunes, 29 de octubre de 2007

Loco Triste (Es el rock que llevo)

Dijiste amor y un beso le diste
Dijiste dolor...y ¿ porque me mentiste?
Probaste el alcohol, un buen compañero
El humo me diò un mundo sincero.

Ah! Me conociste, soy un loco triste
Si no estas me muero, es el rock que llevo

La vieja te diò todos sus consejos
Dijiste que sì y probaste de nuevo
La guerra mortal de ser un buen hijo
La calle me diò mi vida y mis sueños

Ah! Me conociste, soy un loco triste
Si no estas me muero, es el rock que llevo

Soy un loco, soy un loco, soy un loco, soy un loco
Soy un loco, soy un loco, soy un loco triste que voy perdido por ahì
Y me fuì


VIEJO EMPEDRADO -El Teatrito, 26/10/07-

jueves, 25 de octubre de 2007

La callecita de Amalia

En la callecita todavìa quedan mariposas, algunas amarillas, otras naranjas con lunares blancos y negras. El sol se desparrama en ella cada mañana para dar abrigo a los nidos apostados en las ramas, peladas todavìa a falta de primavera. Pronto naceràn màs gorrioncitos para chilllar por comida a primera hora de la madrugada.

Los autos no quieren transitar por la callecita porque allì el tiempo no siempre està presente y la gente que lo atraviesa llega tarde al trabajo (bueno, yo tambièn, porque me pierdo en la tibia luz que la acaricia) Allì no pasa el tiempo y es por èso que algunas puertas de calle y sus respectivos dinteles permanecen color sepia.
Sòlo la vieja Amalia, que camina durante dìa y noche ambas veredas velando por el silencio del lugar, cambia su apariencia pasando ràpidamente del sepia al color; A veces es la niña feliz que armaba figuras de barro en el patio de su casa, otras veces parece flotar entre los almàcigos de la abuela, o se mira al espejo con su blusa de broderì ocre y se recoge el cabello para ver còmo le queda..pero luego regresa a ser la vieja Amalia, con su batòn a rayas multicolor.

En la callecita hay un farol, muro de los lamentos de algùn enamorado, que escucha en silencio los tangos desgarbados que desgranan los amores despechados.

Pero en la callecita...en la callecita soy feliz.

miércoles, 24 de octubre de 2007

El primer amor es, siempre, el mejor"

“El primer amor es, siempre, el mejor”

Gaby era como un suspiro de alivio frente a tanta adversidad.
Su cabello, del color del atardecer que nos encontrò perdidos en la ruta a casa. Sus pecas, sus graciosas pecas...del color de la arena barrida por el mar de abril. Tenìa manos de palomas y una mirada de almíbar a punto caramelo. Incluso su caminar era gràcil y todo èl era un poco del màs claro cielo.
Transitaba yo una vida sin penas ni glorias cuando, torpe como he sido y permanezco, lo atropellè camino al aula. Bastò una sonrisa para que se me vaya toda la vergüenza, una sonrisa nìvea y vaga, pero de una dulzura tal que me dejò soñando.
Ya no habìa pocas ganas de ir al colegio, ahora existìa una vital razòn para hacerlo: volver a verlo.
Desde àquel dia, el invàlido pizarròn verde oliva quedò en sombras. Mis ojos sòlo se dirigian a la ventana que daba al pasillo.
En ocasiones tuve suerte y logrè divisarlo cuando se dirigìa al baño o a la Mapoteca (allì la Sra Marga, ademàs de ponerte el mundo en las manos, te escuchaba. Tenìa el increíble don de aconsejarte sin aburrirte).
Me costaba horrores quedarme a la “sèptima” porque sabìa que, después de las seis, terminaba toda esperanza. No me quedaba otra cosa que hacer: escapaba a la terraza y allì me quedaba panza arriba, mirando el cielo (y ensuciando el guardapolvo), imaginando un amor para toda la vida, como una siempre sueña a èsa edad.
Hace dos dìas que Gaby no viene a clases, ya lo busquè en el ciber de al lado, en el kiosco de Osvaldo y nada, tambièn pasè por su curso pero no està. Seguramente està engripado. Mi ùnico temor es que haya quedado libre, con tantas llegadas tarde…”Mejor me voy a repasar historia antes que la vieja me agarre”. Ni siquiera lleguè al primer piso, la preceptora me interceptò en la escalera para que vaya a hablar a Rectorìa (tema: las 25 amonestaciones que me pusieron –de manera totalmente arbitraria- por putear a la de literatura). Quiso el destino que, mientras aguardaba al pie del cadalso, digo!!!! en la antesala de Rectorìa, escuchara el llanto acongojado y entrecortado de una madre. La Rectora intentaba contenerla:” Sepa, Señora que todos querìamos mucho a su hijo” El diàlogo no durò màs allà de un incòmodo saludo, interrumpido ante la imposibilidad de ambas mujeres de poder articular alguna otra palabra.
Me tocaba a mì ahora, entrè con miedo en mi interior pero envalentonada en la postura, defenderìa mi inocencia a toda costa. Làstima que la armadura me durò tan poco…de hecho, ya no me importaban las amonestaciones ni si quedaba libre: Gaby habìa muerto hacìa dos dìas, era su madre a quien vì salir vestida de llanto.
Fuè imposible contener todo: el dolor, la desesperanza, la ira…
Camino a su casa (la ùltima vez que lo vì) se lo llevò puesto un conteiner cargado de ausencias, incomprensión y falta de amor…nadie puede sobrevivir a èso..nadie. Y asì fuè como una sobredosis borrò, de un plumazo, los 15 años del “Colo”.

23 de octubre de ningún año: (porque no quiero saber hace cuànto que ya no te tengo) quedè libre, como vos.


“El primer amor nunca se olvida y sòlo por èso, mi corazòn permanece aùn tibio”

miércoles, 17 de octubre de 2007

El Regreso lV

¡Cuàntas sensaciones! se acercò hasta el vajillero de nogal y se apoyo en èl buscando soporte, aunque el que èl necesitaba era, en realidad, de tipo familiar. Claro està: jamàs lo obtendrìa puesto que carecìa de familia o raìz. Pasò la mano sobre los estantes que guardaban aùn algunos libros de Astronomìa y Botànica (palabras casi desterradas, pràcticamente extintas del lèxico SXXI). Poco a poco descorriò las cortinas de encaje tejido y se sentò... se sentò a ahogar uno a uno los deseos de huir. Deshizo su bolso añil y se propuso devolverle vida aunque mas no sea a la cocina y a la sala de estar. Cuando hubo terminado de limpiar lo que pudo, mirò -por instinto- al reloj de la pared a su izquierda. Sus ojos se abrieron desmesuradamente por dos insospechados motivos: en primer tèrmino, la sorpresa de que el mismo funcione transcurrido tanto tiempo (desde que...) en segundo lugar, eran las seis y veinte: si no se apuraba llegarìa tarde a casa de Amado, haciendo oportuna la ocasiòn para ver al pequeño Amado hacer uso de su mutismo.

(Ella atravesò el Valle descalza, dejando en cada rincòn su tenue luz, su aroma a nardos recièn florecidos...mi corazòn era una granada carmìn muriendo abrasada al sol, desangràndose el nèctar sobre su estela y en el pecho sentìa la yerra marcando a fuego en mi piel sus ojos, sus dulces ojos que jamàs pude volver a ver).

Apenas doblò la esquina, Peregrino divisò la figura torpe de Lautaro y empezò a ladrar de manera enèrgica, dando giros sobre sì mismo, sobre un eje imaginario e inamovible. Prestando escasa atenciòn, era fàcil confundirlo con una figura de madera, gastadas sus aristas, salida de algùn carroussel del infierno. De èsta manera, el dueño de casa saliò a recibir al amigo esperado.

"Tamales, tamales y quesillo de cabra. Andà pasando que Luisa ya sirve la cena. Yo voy de Nereo a buscar la soda y el amargo, sabès?"

jueves, 4 de octubre de 2007

El regreso lll

À travès de la ventana viò como el Zonda suspiraba acompañando la partida de las nubes somnolientas. Quizàs se llevara, tambien, las pocas esperanzas del viejo Lautaro.
Despues de discurrir largo rato acerca de los ùltimos hechos acontecidos en el pueblo (pàrrafo aparte mereciò el detalle actualizado de finados de Doña Luisa), llegaba el momento de tomar coraje y emprender el camino. Las vereditas angostas, polvorientas, repletas de jazmines pequeños serìan testigos de los pasos arrastrados. "Lautaro, venite a cenar", "A las siete estarè aquì" Muy a pesar de sus rodillas, se puso de pie ràpidamente y saliò pensando en llegar pronto a la casa. Cada paso era un recuerdo que pesaba lustros, cargados de añoranzas.
Cuando faltaban un par de metros se detuvo a observar puesto que, en perspectiva, la casa se veìa distinta. La fachada estaba despintada y las ventanas cubiertas de tierra. El viejo jardìn era ahora un retazo de naturaleza agreste y fuè casi imposible llegar hasta la puerta de entrada. Tanteò sus bolsillos hasta encontrar las llaves y se dispuso a abrirla.
Lo primero que viò fue la nada, la absoluta nada, acuchillada en su màs ìntima entraña por el haz de luz refractado desde las espaldas de Lautaro.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Espero

Una noche de èstas... cuando haya perdido toda esperanza, sè que volverà tu dulce aliento a entibiarme
Una noche de èstas, de èsas en que las làgrimas escapan, escucharè -cual rebaño- el cencerro que, desde lo lejos, me llama...
Una noche de èstas, tan lòbrega como esperaba.... verè dos escarabajos azabache y en èllos, tu mirada. Extenderè mis manos a la suavidad de tu piel de nàcar y sabrè que, finalmente y tras luchar en tantas batallas, has vuelto a casa.

martes, 18 de septiembre de 2007

En septiembre

Te perdì durante una noche descosida. Ni vos eras feliz ni yo tampoco lo era. Hablamos largo rato, como era ya costumbre...vos me amabas con locura, yo amaba mi libertad. Discutìamos cosas vanas, yo bostezaba sin mirar. Mientras -despreocupada- soñaba con otros mares, vos me arropabas......."No quiero tu comida", "Comè, que te hace falta"...meras discusiones discurrìan a lo largo de los dìas àquellos.
Salì de casa -¡sin abrigo!- dispuesta a vivirlo todo: el amor, el frenesì, la locura, luces de colores.
La calle era un parque de diversiones tètrico y free pass. Allì pude distinguir un circo, pero de verdad: mujeres barbudas, arlequines desfigurados por el olvido, indigentes mareados en su nube de recuerdos bailando del tiovivo al compàs y un niño, triste niño, que esperaba su mendrugo de pan.
Pasada la noche de aquelarre, volvì cantando feliz, envuelta en un velo de estrellas, encontrè la casa vacìa. Te habìas ido, pero sin mì...Buscando donde no estabas y esperanzada con algùn equivoco...paseè por toda la casa, hasta encontrarte despierta, aunque sin alma.
Tu corazòn aùn tibio susurrò que me amabas y supe que ya nada serìa igual: ni yo serìa la pequeña sirena mimada ni tù, mi Mamà.

Yo

Yo, que tuve corazòn sòlo para poder amarlo
y que en mis dìas tristes sonreìa al recordarlo.
Yo, que me hice mejor mujer con apenas tocarlo
y que me creì la reina mas feliz de algùn universo extraviado

Yo, que desandaba el mustio camino del desengaño
abracè fuerte su sombra para poder adorarlo...
Crecieron mis hojas llenas de vida a sus pies
para velar por sus noches y, en su regreso, acunarlo

Yo, que caminè pasos de niebla para no ahuyentarlo
y que recogì cada vago otoño entre mis manos
prescindì de andar por el bosque pleno de luna
para brindar a mi noble centauro un amor manso

viernes, 14 de septiembre de 2007

Otra màs de Manu, para alimentar el corazòn.

"Me llaman calle" (La Radiolina)

Me llaman calle, me llaman calle, pisando baldosa,la revoltosa y tan perdida
Me llaman calle, calle de noche, calle de día, Me llaman calle, hoy tan cansada, hoy tan vacía como maquinita por la gran ciudad.

Me llaman calle, me subo a tu coche,me llaman calle de malegría, calle dolida,calle cansada de tanto amar,voy calle abajo, voy calle arriba,no me rebajo ni por la vida
Me llaman calle y ése es mi orgullo,yo sé que un día llegará, yo sé que un día vendrá mi suerte,un día me vendrá a buscar, a la salida un hombre bueno pa toa la vida y sin pagar, mi corazón no es de alquilar.

Me llaman calle, me llaman calle,calle sufrida, calle tristeza de tanto amar .
Me llaman calle, calle más calle,me llaman calle, siempre atrevida.


Me llaman calle, de esquina a esquina,me llaman calle bala perdida, así me disparó la vida,me llaman calle del desengaño, calle fracaso, calle perdida,me llaman calle la sin futuro,me llaman calle,la sin salida.


Me llaman calle, calle más calle,me llaman siempre, y a cualquier hora,me llaman guapa siempre a deshora,me llaman puta, también princesa,me llaman calle, es mi nobleza.

5 razones,si la vida te da más de cinco razones para seguir,si la vida te da más de 5 rincones para dormir,si la vida te da más de 5 millones para morir...
se fuerza la máquina de noche y de día,se fuerza la máquina de noche y de día.....

jueves, 6 de septiembre de 2007

El Regreso ll

Otra muestra de afecto y no lo soportarìa, demasiado cariño frente a tantos años de abandono.
"Todavìa no lo sè..." escapando de los recuerdos, se refugiò en una frase que nadie creyò cierta.
Luisa acercò una bandeja con sabores y aromas de la infancia en Ambato. El mate cocido hirviendo, galletas de grasa, alfeñiques. Què ofrenda tan exquisita!, regalo precioso de un tiempo lejano, traìdo a su presente para halagarlo de tal manera que por poco olvido el motivo real de su viaje. Soñaba despierto con el crepùsculo de su tormento, con el amanecer de su vida.
Un gato sarco y pegajoso se le enredò en la pierna, haciendolo volver de la real abstracciòn en la que estaba inmerso. "Nieto, se llama Nieto" dejando en el aire sus tres patas, Amado lo levantò con una mano y lo apoyò suavemente frente al calentador a querosèn que templaba el rancho.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

¿Querrà el azar devolverte al camino?

Volverè descalza, sintiendo crujir la hierba fresca bajo mis pies. Campos repletos de nardos florecidos bajo el sol.
Esos brazos pequeños se aferraràn a mi vestido y sentirè todo el ocèano en el alma...
Colmada de amor, enredado el cabello entre sus dedos pequeños, volcarè con besos mi vida en la suya para renacer. Seremos infinitos, infinitos en la noche.

jueves, 30 de agosto de 2007

El regreso

Asì de inadvertido fue el regreso a casa de Lautaro Encina. De hecho, nadie en la estaciòn aguardaba por èl. Sòlo los perros guachos acompañaban su paso, sin ganas ni apego.
Lo terrenal no era nada comparado con las casuchas a lo lejos. Pronto sentirìa frìo. Se detuvo a arroparse con una manta roìda y, de paso, a recuperar el aliento.
Los ojos marmòreos extendieron su visiòn escasa, corriendo el velo de grafito que reposaba sobre el pueblo y asì los colores regresaron vìvidos a las retinas.
El agua mansa de las acacias hubiera servido para refrescar su frente, como cuando niño, pero en pleno agosto sòlo incrementaba el deseo de llegar pronto a destino.
"Seremos uno" Ni la mas tiernas margaritas ni la mas cara alianza hubieran podido suplir tal promesa de amor. "Ella sonriò junto a la ventana y supe que su corazòn era el mìo" musitò estrujando su gorra con ambas manos.
"¿Lautaro?" Amado Serra apurò el encuentro a puro tropiezo: "Esperate, nos conocemos".
Volviò sobre sus huellas marcadas en el barro y se encontraron, despues de años, las miradas.
Todo el cariño y la ternura se agolparon en su corazòn, lo presionaban fuerte como aquèl gorriòn entre las manos aùn niñas de su hermana Josefina, queriendo retomar vuelo
"Amado!..." sin parpadear se lanzò a los brazos expectantes, làgrimas escaparon de manera involuntaria y, gracias a la fuerza de gravedad, fueron a parar a los mìnimos espejos de agua, de barro.
Una impactante sucesiòn de imàgenes, daguerrotipos de su infancia, volvieron a su mente para recordarle quièn era (Amado o èl).
!Què dicha Lautaro, volver a verte! Ha pasado tanto tiempo que te reconocì por pura casualidad. "¿Què se te ha dado por volver al pueblo? La Luisa te hacìa finado, pero yo te esperè siempre, amigo..." dijo sonriendo.