miércoles, 30 de septiembre de 2009
Hablando a las àngeles...
El sàbado fuì a San Nicolàs de Los Tres Arroyos, a agradecer a mi querida Virgencita la cantidad de cosas en las que me ha ayudado. En la calle paralela, los puestitos de imàgenes, denarios, estampas, rosarios, escapularios me transportaban a otra ciudad, en otro tiempo, en otro espacio... La brisa del arroyo hacìa reir a los llamadores de àngeles. Yo no sabìa que esos cìrculos que contienen una red en su interior y plumas se llaman "Atrapa-sueños". Me alejè ràpido de todo aquel puesto que los vendiera, no quiero dejar mis sueños ahi, los quiero vivir. Y el dìa estaba pleno de sol y caminamos con mi amiga Chuny por la orilla del arroyo...y se me vino a la memoria el tema de los Black Crowes: "She talk to angels", no es una linda canciòn?
martes, 25 de agosto de 2009
Transcripciòn artìculo publicado en www.hospital-publico.com
Por Gustavo Veiga
Ante el vacío total de estadísticas y preocupaciones por parte de la administración porteña, la ONG Proyecto 7 enumeró y contabilizó 113 casos de personas sin techo que fallecieron por males de la indigencia. Página/12 recorrió las calles y esas historias del abandono.
El 113 no es un número azaroso ni arbitrario. Señala las muertes ocurridas entre 2008 y 2009 que contabiliza la ONG Proyecto 7 entre las personas que viven en situación de calle en la Capital Federal. Un combo letal las provocó: la indigencia y la pobreza estructurales, la deficitaria política del Estado porteño en salud, vivienda y alimentación y los de-salojos compulsivos combinados con las enfermedades, adicciones y bajísimas temperaturas registradas en estos días del año. Aquella cifra cobra vida cuando se revelan historias que la explican mejor, que hablan de existencias miserables, de seres que se levantan y se acuestan a la intemperie. Página/12 registró varios casos apoyándose en los datos de la organización que los denunció, en Médicos del Mundo que cuenta con un móvil de asistencia y contención que recorre la ciudad y en los testimonios de quienes todavía siguen durmiendo en plazas o parques, y debajo de los puentes y autopistas.
Raúl Puerta, alias “El Colo”, tenía 32 años aunque por su aspecto avejentado aparentaba muchos más. Había perdido a toda su familia en un accidente y el impacto de ese hecho lo quebró. Estudiante de Derecho, solía ser animador de las ranchadas en Plaza Congreso, donde alternativamente ocupaba distintos bancos para dormir. Sus compañeros de infortunio lo recuerdan como un hombre instruido, respetuoso y que llevaba la marca en el orillo de una solidaridad a la que empuja la calle para sobrevivir. “Si tenía un solo cigarrillo era capaz de romperlo al medio para compartirlo”, cuenta Horacio Avila, el presidente de Proyecto 7, la organización que ayuda a la gente que vive en la calle, como le sucedió a él entre 2002 y 2007.
El Colo paraba en un bar de la avenida Entre Ríos, casi en la esquina con Hipólito Yrigoyen. Ahí, a cambio de su trabajo, recibía unos pesos y le daban de comer. Una noche se acercó al grupo de otras personas sin techo que dormían en el umbral del edificio de la ex Caja Nacional de Ahorro Postal, enfrente de Plaza Congreso. Se sentó junto a ellos, pero el cuerpo no le paraba de temblar. Alguien decidió llamar al SAME desde un teléfono público y cuando la ambulancia llegó, Puerta no se quiso subir. La respuesta a esa negativa fue la desatención. Avila todavía tiene muy fresco el episodio. Con otros indigentes intentaron llevarlo hasta el hospital Ramos Mejía pero les resultó imposible. Cada vez que intentaban ponerlo de pie se caía. Buscaron darle solución momentánea al problema acostándolo en un banco y lo taparon con una manta. El grupo se dividió: unos buscaron ayuda en el hospital y otros se quedaron con él.
Cuando los primeros volvieron ya no había nada que hacer. El cuerpo del Colo estaba rígido como una estatua. Así murió, después de alternar días de lucidez con largas noches de ebriedad. El alcohol, pero el alcohol fino, combinado con una mayor proporción de agua, es la bebida de los habitantes de la calle. Se llama “cachuña”. Y alrededor de un recipiente improvisado donde se la sirve transcurren las horas de muchos que no tienen un techo para protegerse.
Hugo Benjamín Carranza, “el Gendarme”, falleció cuando tenía 58 años. Afecto a contar historias de frontera, de cómo la vida transcurría en un destacamento o se contrabandeaba, solía cuadrarse ante una bandera imaginaria y hasta se lo veía marchar en las inmediaciones de la Plaza 1º de Mayo, ubicada entre Hipólito Yrigoyen, Pasco, Alsina y Pichincha. Cuidaba autos en la primera calle, donde se encuentra una dependencia de la AFIP, y lo hacía hasta bien entrada la tarde. Quería volver a su Chaco natal, donde pensaba que podría darle un giro a su vida.
En esa plaza funciona una de las ranchadas más organizadas de Buenos Aires. El Gendarme Hugo, que a todos les contaba su paso por la fuerza de frontera, un día muy temprano, casi con el despuntar del alba, apareció sentado en un local vacío y de grandes ventanales sobre la calle Alsina, muy cerca del Shopping Spinetto. Un compañero, creyendo verlo dormido, intentó despertarlo para que fuera a desayunar a Rincón y Chile, la cita obligada de cada mañana. Lo tocó y no reaccionó, lo empujó y el hombre se despatarró por el piso. Estaba muerto. El frío había acabado con él. Pero desde mucho tiempo antes su vida acumulaba golpes de la burocracia porteña. Una y otra vez había tramitado un subsidio. Una y otra vez se topó con la misma respuesta negativa por ser un hombre solo y no tener familia a cargo.
Los ucranianos
Igor Kirilenko, según los datos que aporta la enfermera Mary Barrios, de Médicos del Mundo, murió a fines del año pasado. Era ucraniano y pedía limosna en la zona del Parque Lezama. No había elegido ese lugar en vano. Sobre la calle Brasil se encuentra la iglesia ortodoxa rusa de la Santísima Trinidad, que parece sacada de una postal de San Petersburgo. Como otros inmigrantes y marineros de origen eslavo nacidos en las ex repúblicas soviéticas, quedó varado en Buenos Aires y se las rebuscaba como podía.
Algunos hacían changas o vendían café y cubanitos en la calle. Cuando el trabajo escaseaba, le pedían ayuda al sacerdote de la iglesia de las cinco cúpulas color turquesa. A los primeros que llegaron al país tras la caída de la URSS les costó mucho sobrellevar la crisis del 2001, la falta de oportunidades y vivir en la calle. La ingesta de vodka o hasta la cachuña que también probaron, les provocó cirrosis o la muerte por coma alcohólico.
Andrés, a secas, así recuerdan a otro ucraniano los sin techo de la plaza 1º de Mayo. Lo habían bautizado de ese modo porque el nombre que tenía era muy difícil de pronunciar. A diferencia de Kirilenko era mucho más joven. Alto y rubio. Hablaba bastante bien el castellano. Buscó trabajo con insistencia pero nunca encontró uno fijo, más o menos perdurable. Entonces se juntó con un cubano –hay varios en condición de calle– y comenzó a prostituirse como taxi boy. Sentado en un banco de la plaza y con una botella de vino tinto entre sus manos, podía vérselo llorando en silencio, acaso añorando su país y su familia.
Pasaron tres años y ya con 22 cumplidos, un día la ambulancia del SAME se lo llevó de urgencia con una neumonía. Sus atribulados compañeros se enterarían después que murió camino al Hospital Muñiz. El sida, además del alcohol, había hecho estragos en su cuerpo.
Morir en la iglesia
El sacerdote Jorge Enrique Alonso da misa en la parroquia Corazón de María que se levanta en la continuación del trazado de la avenida 9 de Julio hacia el sur, frente a la plaza Constitución. A fines de 2008, un hombre que vivía en la calle llamado Julio falleció en el interior de la iglesia mientras desayunaba. Tenía 50 y pico, su documento en regla y terminó en la morguera de la Policía Federal que se lo llevó junto a tres cadáveres más.
“Fue un domingo, lo recuerdo muy bien. No hacía el crudo invierno de ahora y esta persona se quedó dura en la mesa. Había terminado el desayuno, y mientras la gente se levantaba, el hombre, como quien dormía, cruzado de brazos, no se movía. Alguien le puso los dedos en la yugular para tomarle el pulso, pero ya no tenía latidos. Había perdido el control de sus esfínteres y estaba orinado. Llamamos al SAME, vino una doctora que le colocó unos aparatos y comprobó que había muerto. Se lo cubrió con una sábana y a la tarde vino la morguera a buscarlo. Yo no recuerdo más datos de él, aunque lo que pasó está registrado en el libro parroquial”, describe el padre Alonso, quien ya formuló una denuncia ante la Defensoría del Pueblo por la agresión de la UCEP (Unidad de Control del Espacio Público que depende del Ministerio de Ambiente porteño) a un indigente que vive al lado del templo, debajo de la autopista.
El joven que se abandonó
Martín Franco murió de tuberculosis. Es la misma persona de la que hablan Ramón Antonio Rivero, un porteño de 31 años que vive en la calle y la enfermera Barrios, de Médicos del Mundo. Los dos coinciden en que falleció recientemente, que era alto y delgado, portador de HIV y en que solía andar por el barrio de Balvanera. La ONG conserva su historia clínica porque solían atenderlo sus profesionales.
“Vivía en la manzana del Spinetto. Ahí tenía al hermano que laburaba en un galpón de verduras que se llama Caputo. Martín tenía problemas con la familia y se tiró al abandono. Después empezó a tomar alcohol, se le infectaron las piernas y lo llevaron a un hospital, adonde no lo atendieron como correspondía. Iba a la guardia una o dos horas, se cansaba y no volvía más. Murió en el hospital Ramos Mejía”, cuenta Ríos, un hombre morocho, de baja estatura, también portador de HIV, que cuando no lo hostiga la policía duerme en la Terminal de Omnibus porque ya no quiere hacerlo en el parador de Retiro. “Me fui por un muchacho que trabaja ahí y trata mal a la gente. A ese lugar le metieron muchas denuncias, como una por el caso de un señor al que hacían dormir en una silla porque tiene sarna.”
A Ríos la cifra de 113 muertes le parece exigua: “Y sí, creo que hay más gente. Eso se ve en los refugios, en hogares, y es por la falta de atención médica. Se preocupan más por ganar dinero que por tratarnos como seres humanos. Somos un trapo de piso…”. Además de Franco y el ucraniano Kirilenko, en Médicos del Mundo registraron este año el caso de Pedro Talavera, otra persona en situación de calle que falleció en los primeros meses de 2009. La ONG fundada en Francia y con delegación en nuestro país no lleva estadísticas de decesos, pero sí de consultas en su unidad móvil, lugar de procedencia de los sin techo, zonas de pernocte y nivel de estudio de los afectados, entre más rubros (ver aparte).
Proyecto 7 interroga desde una publicación con sus propias cifras: “¿Sabía usted que actualmente en la ciudad de Buenos Aires hay más de 15.000 personas en situación de calle? ¿Y que de esas 15.000 personas 4500 son niños en edad escolar y 2000 son abuelos con toda una vida de trabajo detrás y que hoy están abandonados en la calle?”
La segunda pregunta de una serie de diez, es la que motiva esta nota: “¿Sabía usted que en los últimos dos años en la ciudad de Buenos Aires murieron 113 personas en situación de calle a causa del frío y enfermedades diversas?” La ONG tiene una respuesta muy simple para esa denuncia inquietante: “La calle no es un lugar para vivir”, dice una de sus banderas.
En la Capital Federal, según los cálculos más optimistas, se amontonan en los umbrales de edificios públicos, estaciones de tren o subte y autos abandonados, entre 8000 y 10.000 personas. De lugares más abiertos como parques y plazas los vienen corriendo desde hace tiempo la Policía Federal o la patota de la UCEP. Quienes no sobreviven terminan en la morgue o como NN en la Chacarita. Se explica: el 85 por ciento no tiene ninguna cobertura de salud –ni siquiera estatal– y el 30 por ciento está indocumentado.
Ante el vacío total de estadísticas y preocupaciones por parte de la administración porteña, la ONG Proyecto 7 enumeró y contabilizó 113 casos de personas sin techo que fallecieron por males de la indigencia. Página/12 recorrió las calles y esas historias del abandono.
El 113 no es un número azaroso ni arbitrario. Señala las muertes ocurridas entre 2008 y 2009 que contabiliza la ONG Proyecto 7 entre las personas que viven en situación de calle en la Capital Federal. Un combo letal las provocó: la indigencia y la pobreza estructurales, la deficitaria política del Estado porteño en salud, vivienda y alimentación y los de-salojos compulsivos combinados con las enfermedades, adicciones y bajísimas temperaturas registradas en estos días del año. Aquella cifra cobra vida cuando se revelan historias que la explican mejor, que hablan de existencias miserables, de seres que se levantan y se acuestan a la intemperie. Página/12 registró varios casos apoyándose en los datos de la organización que los denunció, en Médicos del Mundo que cuenta con un móvil de asistencia y contención que recorre la ciudad y en los testimonios de quienes todavía siguen durmiendo en plazas o parques, y debajo de los puentes y autopistas.
Raúl Puerta, alias “El Colo”, tenía 32 años aunque por su aspecto avejentado aparentaba muchos más. Había perdido a toda su familia en un accidente y el impacto de ese hecho lo quebró. Estudiante de Derecho, solía ser animador de las ranchadas en Plaza Congreso, donde alternativamente ocupaba distintos bancos para dormir. Sus compañeros de infortunio lo recuerdan como un hombre instruido, respetuoso y que llevaba la marca en el orillo de una solidaridad a la que empuja la calle para sobrevivir. “Si tenía un solo cigarrillo era capaz de romperlo al medio para compartirlo”, cuenta Horacio Avila, el presidente de Proyecto 7, la organización que ayuda a la gente que vive en la calle, como le sucedió a él entre 2002 y 2007.
El Colo paraba en un bar de la avenida Entre Ríos, casi en la esquina con Hipólito Yrigoyen. Ahí, a cambio de su trabajo, recibía unos pesos y le daban de comer. Una noche se acercó al grupo de otras personas sin techo que dormían en el umbral del edificio de la ex Caja Nacional de Ahorro Postal, enfrente de Plaza Congreso. Se sentó junto a ellos, pero el cuerpo no le paraba de temblar. Alguien decidió llamar al SAME desde un teléfono público y cuando la ambulancia llegó, Puerta no se quiso subir. La respuesta a esa negativa fue la desatención. Avila todavía tiene muy fresco el episodio. Con otros indigentes intentaron llevarlo hasta el hospital Ramos Mejía pero les resultó imposible. Cada vez que intentaban ponerlo de pie se caía. Buscaron darle solución momentánea al problema acostándolo en un banco y lo taparon con una manta. El grupo se dividió: unos buscaron ayuda en el hospital y otros se quedaron con él.
Cuando los primeros volvieron ya no había nada que hacer. El cuerpo del Colo estaba rígido como una estatua. Así murió, después de alternar días de lucidez con largas noches de ebriedad. El alcohol, pero el alcohol fino, combinado con una mayor proporción de agua, es la bebida de los habitantes de la calle. Se llama “cachuña”. Y alrededor de un recipiente improvisado donde se la sirve transcurren las horas de muchos que no tienen un techo para protegerse.
Hugo Benjamín Carranza, “el Gendarme”, falleció cuando tenía 58 años. Afecto a contar historias de frontera, de cómo la vida transcurría en un destacamento o se contrabandeaba, solía cuadrarse ante una bandera imaginaria y hasta se lo veía marchar en las inmediaciones de la Plaza 1º de Mayo, ubicada entre Hipólito Yrigoyen, Pasco, Alsina y Pichincha. Cuidaba autos en la primera calle, donde se encuentra una dependencia de la AFIP, y lo hacía hasta bien entrada la tarde. Quería volver a su Chaco natal, donde pensaba que podría darle un giro a su vida.
En esa plaza funciona una de las ranchadas más organizadas de Buenos Aires. El Gendarme Hugo, que a todos les contaba su paso por la fuerza de frontera, un día muy temprano, casi con el despuntar del alba, apareció sentado en un local vacío y de grandes ventanales sobre la calle Alsina, muy cerca del Shopping Spinetto. Un compañero, creyendo verlo dormido, intentó despertarlo para que fuera a desayunar a Rincón y Chile, la cita obligada de cada mañana. Lo tocó y no reaccionó, lo empujó y el hombre se despatarró por el piso. Estaba muerto. El frío había acabado con él. Pero desde mucho tiempo antes su vida acumulaba golpes de la burocracia porteña. Una y otra vez había tramitado un subsidio. Una y otra vez se topó con la misma respuesta negativa por ser un hombre solo y no tener familia a cargo.
Los ucranianos
Igor Kirilenko, según los datos que aporta la enfermera Mary Barrios, de Médicos del Mundo, murió a fines del año pasado. Era ucraniano y pedía limosna en la zona del Parque Lezama. No había elegido ese lugar en vano. Sobre la calle Brasil se encuentra la iglesia ortodoxa rusa de la Santísima Trinidad, que parece sacada de una postal de San Petersburgo. Como otros inmigrantes y marineros de origen eslavo nacidos en las ex repúblicas soviéticas, quedó varado en Buenos Aires y se las rebuscaba como podía.
Algunos hacían changas o vendían café y cubanitos en la calle. Cuando el trabajo escaseaba, le pedían ayuda al sacerdote de la iglesia de las cinco cúpulas color turquesa. A los primeros que llegaron al país tras la caída de la URSS les costó mucho sobrellevar la crisis del 2001, la falta de oportunidades y vivir en la calle. La ingesta de vodka o hasta la cachuña que también probaron, les provocó cirrosis o la muerte por coma alcohólico.
Andrés, a secas, así recuerdan a otro ucraniano los sin techo de la plaza 1º de Mayo. Lo habían bautizado de ese modo porque el nombre que tenía era muy difícil de pronunciar. A diferencia de Kirilenko era mucho más joven. Alto y rubio. Hablaba bastante bien el castellano. Buscó trabajo con insistencia pero nunca encontró uno fijo, más o menos perdurable. Entonces se juntó con un cubano –hay varios en condición de calle– y comenzó a prostituirse como taxi boy. Sentado en un banco de la plaza y con una botella de vino tinto entre sus manos, podía vérselo llorando en silencio, acaso añorando su país y su familia.
Pasaron tres años y ya con 22 cumplidos, un día la ambulancia del SAME se lo llevó de urgencia con una neumonía. Sus atribulados compañeros se enterarían después que murió camino al Hospital Muñiz. El sida, además del alcohol, había hecho estragos en su cuerpo.
Morir en la iglesia
El sacerdote Jorge Enrique Alonso da misa en la parroquia Corazón de María que se levanta en la continuación del trazado de la avenida 9 de Julio hacia el sur, frente a la plaza Constitución. A fines de 2008, un hombre que vivía en la calle llamado Julio falleció en el interior de la iglesia mientras desayunaba. Tenía 50 y pico, su documento en regla y terminó en la morguera de la Policía Federal que se lo llevó junto a tres cadáveres más.
“Fue un domingo, lo recuerdo muy bien. No hacía el crudo invierno de ahora y esta persona se quedó dura en la mesa. Había terminado el desayuno, y mientras la gente se levantaba, el hombre, como quien dormía, cruzado de brazos, no se movía. Alguien le puso los dedos en la yugular para tomarle el pulso, pero ya no tenía latidos. Había perdido el control de sus esfínteres y estaba orinado. Llamamos al SAME, vino una doctora que le colocó unos aparatos y comprobó que había muerto. Se lo cubrió con una sábana y a la tarde vino la morguera a buscarlo. Yo no recuerdo más datos de él, aunque lo que pasó está registrado en el libro parroquial”, describe el padre Alonso, quien ya formuló una denuncia ante la Defensoría del Pueblo por la agresión de la UCEP (Unidad de Control del Espacio Público que depende del Ministerio de Ambiente porteño) a un indigente que vive al lado del templo, debajo de la autopista.
El joven que se abandonó
Martín Franco murió de tuberculosis. Es la misma persona de la que hablan Ramón Antonio Rivero, un porteño de 31 años que vive en la calle y la enfermera Barrios, de Médicos del Mundo. Los dos coinciden en que falleció recientemente, que era alto y delgado, portador de HIV y en que solía andar por el barrio de Balvanera. La ONG conserva su historia clínica porque solían atenderlo sus profesionales.
“Vivía en la manzana del Spinetto. Ahí tenía al hermano que laburaba en un galpón de verduras que se llama Caputo. Martín tenía problemas con la familia y se tiró al abandono. Después empezó a tomar alcohol, se le infectaron las piernas y lo llevaron a un hospital, adonde no lo atendieron como correspondía. Iba a la guardia una o dos horas, se cansaba y no volvía más. Murió en el hospital Ramos Mejía”, cuenta Ríos, un hombre morocho, de baja estatura, también portador de HIV, que cuando no lo hostiga la policía duerme en la Terminal de Omnibus porque ya no quiere hacerlo en el parador de Retiro. “Me fui por un muchacho que trabaja ahí y trata mal a la gente. A ese lugar le metieron muchas denuncias, como una por el caso de un señor al que hacían dormir en una silla porque tiene sarna.”
A Ríos la cifra de 113 muertes le parece exigua: “Y sí, creo que hay más gente. Eso se ve en los refugios, en hogares, y es por la falta de atención médica. Se preocupan más por ganar dinero que por tratarnos como seres humanos. Somos un trapo de piso…”. Además de Franco y el ucraniano Kirilenko, en Médicos del Mundo registraron este año el caso de Pedro Talavera, otra persona en situación de calle que falleció en los primeros meses de 2009. La ONG fundada en Francia y con delegación en nuestro país no lleva estadísticas de decesos, pero sí de consultas en su unidad móvil, lugar de procedencia de los sin techo, zonas de pernocte y nivel de estudio de los afectados, entre más rubros (ver aparte).
Proyecto 7 interroga desde una publicación con sus propias cifras: “¿Sabía usted que actualmente en la ciudad de Buenos Aires hay más de 15.000 personas en situación de calle? ¿Y que de esas 15.000 personas 4500 son niños en edad escolar y 2000 son abuelos con toda una vida de trabajo detrás y que hoy están abandonados en la calle?”
La segunda pregunta de una serie de diez, es la que motiva esta nota: “¿Sabía usted que en los últimos dos años en la ciudad de Buenos Aires murieron 113 personas en situación de calle a causa del frío y enfermedades diversas?” La ONG tiene una respuesta muy simple para esa denuncia inquietante: “La calle no es un lugar para vivir”, dice una de sus banderas.
En la Capital Federal, según los cálculos más optimistas, se amontonan en los umbrales de edificios públicos, estaciones de tren o subte y autos abandonados, entre 8000 y 10.000 personas. De lugares más abiertos como parques y plazas los vienen corriendo desde hace tiempo la Policía Federal o la patota de la UCEP. Quienes no sobreviven terminan en la morgue o como NN en la Chacarita. Se explica: el 85 por ciento no tiene ninguna cobertura de salud –ni siquiera estatal– y el 30 por ciento está indocumentado.
martes, 26 de mayo de 2009
Sin vos
Te llorè en la mesa del Fenai,
con un vaso negro en la mano
Te recordé sonriendo en dos tiempos
Una herida màs...
Vuelvo al horfanato de la calle
ése que me abrigó en cada desencanto
ése que me secò las làgrimas
y me dijo "nunca màs"
Otra vez en camino, de pie a la fuerza,
la tristeza se desmaya en cada esquina
y sólo duele, de a ratos
la cicatriz del puñal
con un vaso negro en la mano
Te recordé sonriendo en dos tiempos
Una herida màs...
Vuelvo al horfanato de la calle
ése que me abrigó en cada desencanto
ése que me secò las làgrimas
y me dijo "nunca màs"
Otra vez en camino, de pie a la fuerza,
la tristeza se desmaya en cada esquina
y sólo duele, de a ratos
la cicatriz del puñal
lunes, 18 de mayo de 2009
Chau número tres (hasta siempre Mario querido....)

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.
Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.
Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.
Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.
Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.
Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.
Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.
Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.
Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.
Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.
Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.
Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.
Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.
Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.
Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.
Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.
Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.
jueves, 14 de mayo de 2009
Por Santa Rosa me voy al rìo

Por Santa Rosa me voy al río...
a mi costado llevo una luna
que va tocando los espinillos.
por Santa Rosa
Me dan las ranas sus bienvenidas
y en el camino tiño mis manos de azules...
pinto mis ojos de verde...
lleno mi boca de grillos...
Camino de Santa Rosa te estás borrando
camino donde la luna andaba de a pie.
Rolón por la madrugada te despertaba
Dorico te regresaba al amanecer...
Tu siesta me está llamando desde el verano
aromas de tus pichanas y cielo azul...
a pierna suelta se duerme tu cambá bolsa
borracho con vino dulce de guapurú.
Por Santa Rosa me voy al río
tiño mis manos de azules
pinto mis ojos de verdelleno mi boca de grillos...
por Santa Rosa me voy al río.
Una luna lavandera trajo la noche
con un atado de ropas para lavar
una luna lavandera está de cuclillas
y en el arroyo retuerce su delantal...
Camino de Santa Rosa te estás borrando
qué lejos en tus barrancas está el morir
tu cielo toca mi frente si te regreso
y el sol madura en arena y ñangapirí...
Autor: Antonio Tarragò Ros
a mi costado llevo una luna
que va tocando los espinillos.
por Santa Rosa
Me dan las ranas sus bienvenidas
y en el camino tiño mis manos de azules...
pinto mis ojos de verde...
lleno mi boca de grillos...
Camino de Santa Rosa te estás borrando
camino donde la luna andaba de a pie.
Rolón por la madrugada te despertaba
Dorico te regresaba al amanecer...
Tu siesta me está llamando desde el verano
aromas de tus pichanas y cielo azul...
a pierna suelta se duerme tu cambá bolsa
borracho con vino dulce de guapurú.
Por Santa Rosa me voy al río
tiño mis manos de azules
pinto mis ojos de verdelleno mi boca de grillos...
por Santa Rosa me voy al río.
Una luna lavandera trajo la noche
con un atado de ropas para lavar
una luna lavandera está de cuclillas
y en el arroyo retuerce su delantal...
Camino de Santa Rosa te estás borrando
qué lejos en tus barrancas está el morir
tu cielo toca mi frente si te regreso
y el sol madura en arena y ñangapirí...
Autor: Antonio Tarragò Ros
Argentina Primer Mundo

Êpocas de elecciones...recuerdo palabras de campaña...las mismas palabras en la boca de distintos polìticos y me traen a la memoria un tango que escribiò -profèticamente- la genial Eladia Blàzquez:
"Argentina Primer Mundo"
En el medio de este "mambo" y el delirio mas profundo...
el cartel de primer mundo, nos vinieron a colgar.
Tan grotesco es el absurdo, tan inmundo está el chiquero
que mirando el noticiero, ¡me reí por no llorar!
Todo el mundo está en el oro, dado vuelta de la nuca¡
Nos vendieron hasta el loro, la altivez, la dignidad!
No terminan de asombrarnos, y es tan grande el desatino...
Que a la leche y hasta el vino, hoy por hoy...¡Les tenés que desconfiar!
Y me duele que sea cierto... Con dolor del más profundo.
Porque si esto es primer mundo, ¿este mundo dónde está?
Si parece la utopía de un "mamao" voy a hacértela bien corta...
¡se afanaron con la torta, el honor y la verdad!
Nos están pudriendo el aire, nos cambiaron el idioma,
hoy la "caca" de paloma es más limpia que el honor.
¡La justicia ya sin venda a un corrupto le hace un guiño,
y acomoda el desaliño, del poder y del favor!
En un loco "todo vale", un caniche acicalado"morfa" más
que un jubilado que no llega a fin de mes.
Y en la cruda indiferencia, entre el cólera y el "curro"...
Hay un juez que se hace el "burro" y también...¡Hay un burro que hacen juez!
"Argentina Primer Mundo"
En el medio de este "mambo" y el delirio mas profundo...
el cartel de primer mundo, nos vinieron a colgar.
Tan grotesco es el absurdo, tan inmundo está el chiquero
que mirando el noticiero, ¡me reí por no llorar!
Todo el mundo está en el oro, dado vuelta de la nuca¡
Nos vendieron hasta el loro, la altivez, la dignidad!
No terminan de asombrarnos, y es tan grande el desatino...
Que a la leche y hasta el vino, hoy por hoy...¡Les tenés que desconfiar!
Y me duele que sea cierto... Con dolor del más profundo.
Porque si esto es primer mundo, ¿este mundo dónde está?
Si parece la utopía de un "mamao" voy a hacértela bien corta...
¡se afanaron con la torta, el honor y la verdad!
Nos están pudriendo el aire, nos cambiaron el idioma,
hoy la "caca" de paloma es más limpia que el honor.
¡La justicia ya sin venda a un corrupto le hace un guiño,
y acomoda el desaliño, del poder y del favor!
En un loco "todo vale", un caniche acicalado"morfa" más
que un jubilado que no llega a fin de mes.
Y en la cruda indiferencia, entre el cólera y el "curro"...
Hay un juez que se hace el "burro" y también...¡Hay un burro que hacen juez!
lunes, 13 de abril de 2009
Crítica:"Las venas abiertas de América latina"

Tarde llego a mis manos este genial ensayo de Eduardo Galeano. Debo decir que me desasnó en materia de política e historia regional. Carente de tecnicismos, es un libro de fácil lectura en cuanto a semántica, difícil de leer si uno pensó alguna vez que su amada patria, su querido pueblo, su hermosa nación era la cuna de un futuro tardío pero mejor. Duro, muy duro, es un mazazo en la nuca de quienes soñamos con cambiar nuestra sociedad volviendo a los valores éticos, morales y porqué no, religiosos también. Aunque justamente ése es el problema: ¿ A qué valores? no tuvimos valores referenciales ni en la génesis de nuestra idiosincracia. El final nos encuentra con las manos vacías, sabiendo que no hay nada que podamos hacer para revertir nuestro destino de pueblo servil, siempre con la vista dirigida al Viejo Continente, al lejano Oriente, a "América" a la espera de ser 100% funcionales a la cobertura plena de sus necesidades.
martes, 17 de febrero de 2009
Lectura recomendada: "El niño de pijamas a rayas"
Este fin de semana estuve leyendo algunos libros:"Caudillos..." de Pacho O`Donnell (no es uno de mis favoritos pero me gusta como relata, narra; "Comediantes y màrtires" de Sebreli y el que recomiendo acà arriba. ¿Porquè recomendarlo? porque lo considero excelente, es cierto que, apenas empieza uno aleerlo se da cuenta de què trata pero vale la pena seguir leyendolo. Un tema doloroso, mil veces abordado, pero esta vez es a traves de la mirada de un niño de 9 años; de su mano recorreremos el alambrado de Auschwitz, jugando a ser exploradores...hasta que un dìa Bruno encuentra algo que jamàs imaginò encontrar en àquel lugar sin sol: un amigo, Shmuel.
El resto, simplemente inolvidable.
El resto, simplemente inolvidable.
miércoles, 4 de febrero de 2009
El poeta pide a su amor que le escriba
Amor de mis entrañas, viva muerte, en vano espero tu palabra escrita y pienso, con la flor que se marchita, que si vivo sin mí quiero perderte.
El aire es inmortal. La piedra inerte ni conoce la sombra ni la evita. Corazón interior no necesita la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas, tigre y paloma, sobre tu cintura en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena pues de palabras mi locura o déjame vivir en mi serena noche del alma para siempre oscura
Federico Garcìa Lorca
El aire es inmortal. La piedra inerte ni conoce la sombra ni la evita. Corazón interior no necesita la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas, tigre y paloma, sobre tu cintura en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena pues de palabras mi locura o déjame vivir en mi serena noche del alma para siempre oscura
Federico Garcìa Lorca
Al caminar parece que crujieran
Al caminar parece que crujieran las hojas de la noche y sus cristales.
Es tu hombro, tu pecho, tus rodillas deshaciendo, esponjando, tu impermeable.
Tu impermeable te ciñe totalmente, si llevas algo más nadie lo sabe…Es un silicio hecho de pliegues duros sobre la rosa de tu cuerpo suave.
Baldomero Fernandez Moreno
Es tu hombro, tu pecho, tus rodillas deshaciendo, esponjando, tu impermeable.
Tu impermeable te ciñe totalmente, si llevas algo más nadie lo sabe…Es un silicio hecho de pliegues duros sobre la rosa de tu cuerpo suave.
Baldomero Fernandez Moreno
Las Cuarenta
Con el pucho de la vida apretado entre los labios, la mirada turbia y fría, un poco lerdo el andar, dobló la esquina del barrio y, curda ya de recuerdos, como volcando un veneno esto se le oyó acusar.
Vieja calle de mi barrio donde he dado el primor paso, vuelvo a vos, gastado el mazo en inútil barajar, con una llaga en el pecho, con mi sueño hecho pedazos, que se rompió en un abrazo que me diera la verdad.
Aprendí todo lo malo, aprendí todo lo bueno, sé del beso que se compra, sé del beso que se da; del amigo que es amigo siempre y cuando le convenga, y sé que con mucha plata uno vale mucho más.
Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran y, si la murga se ríe, hay que saberse reír; no pensar ni equivocado... ¡Para qué, si igual se vive! ¡Y además corrés el riesgo de que te bauticen gil!
La vez que quise ser bueno en la cara se me rieron; cuando grité una injusticia, la fuerza me hizo callar; la experiencia fue mi amante; el desengaño, mi amigo... Toda carta tiene contra y toda contra se da!
Hoy no creo ni en mí mismo... Todo es grupo, todo es falso, y aquél, el que está más alto, es igual a los demás... Por eso, no has de extrañarte si, alguna noche, borracho, me vieras pasar del brazo con quien no debo pasar.
Aprendí todo lo malo, aprendí todo lo bueno, sé del beso que se compra, sé del beso que se da; del amigo que es amigo siempre y cuando le convenga, y sé que con mucha plata uno vale mucho más.
Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran y, si la murga se ríe, hay que saberse reír; no pensar ni equivocado... ¡Para qué, si igual se vive! ¡Y además corrés el riesgo de que te bauticen gil!
Ismael Miranda
Vieja calle de mi barrio donde he dado el primor paso, vuelvo a vos, gastado el mazo en inútil barajar, con una llaga en el pecho, con mi sueño hecho pedazos, que se rompió en un abrazo que me diera la verdad.
Aprendí todo lo malo, aprendí todo lo bueno, sé del beso que se compra, sé del beso que se da; del amigo que es amigo siempre y cuando le convenga, y sé que con mucha plata uno vale mucho más.
Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran y, si la murga se ríe, hay que saberse reír; no pensar ni equivocado... ¡Para qué, si igual se vive! ¡Y además corrés el riesgo de que te bauticen gil!
La vez que quise ser bueno en la cara se me rieron; cuando grité una injusticia, la fuerza me hizo callar; la experiencia fue mi amante; el desengaño, mi amigo... Toda carta tiene contra y toda contra se da!
Hoy no creo ni en mí mismo... Todo es grupo, todo es falso, y aquél, el que está más alto, es igual a los demás... Por eso, no has de extrañarte si, alguna noche, borracho, me vieras pasar del brazo con quien no debo pasar.
Aprendí todo lo malo, aprendí todo lo bueno, sé del beso que se compra, sé del beso que se da; del amigo que es amigo siempre y cuando le convenga, y sé que con mucha plata uno vale mucho más.
Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran y, si la murga se ríe, hay que saberse reír; no pensar ni equivocado... ¡Para qué, si igual se vive! ¡Y además corrés el riesgo de que te bauticen gil!
Ismael Miranda
lunes, 19 de enero de 2009
Recomendaciòn

Otra tarde de domingo sin muchas opciones de TV. Pasando por tooooda la grilla encontrè una pelìcula que desbordaba magia..."El Silencio", del maestro Moshen Makhmalbaf. No habìa escuchado de èlla pero, sinceramente, la encuentro ex-qui-si-ta. Es pura belleza, de increìble fotografìa...allì encontramos a Jarshid, un niño ciego, que ve, siente, camina y respira gracias a la mùsica y a la dulce Nadereb, quien lo acompaña y guìa en el camino al trabajo.
Se las recomiendo. Por lo pronto, voy a ir hasta el local de Rodrìguez Peña y Av. Corrientes para ver si la puedo comprar, allì conseguì "The Big Blue" de Luc Besson, tambien magnìfica. Sencillamente, de colecciòn.
La vuelven a pasar por Europa Europa, el 28/01/09 a las 11:40 y 16:50Hs. Hora argentina, zona Este
Se las recomiendo. Por lo pronto, voy a ir hasta el local de Rodrìguez Peña y Av. Corrientes para ver si la puedo comprar, allì conseguì "The Big Blue" de Luc Besson, tambien magnìfica. Sencillamente, de colecciòn.
La vuelven a pasar por Europa Europa, el 28/01/09 a las 11:40 y 16:50Hs. Hora argentina, zona Este
lunes, 5 de enero de 2009
Antonio Alejandro Gil 2, 3
Lucidez en el decir
transparente la intención
piedad en el corazón
vivir y dejar vivir
ofendido perdonar
o echar la ofensa al olvido
hablar con hondo sentido
hablar y dejar hablar
aunque te sobre razón
y estar convencido creas
es imperioso que seas
capaz de condescender
una cosa es imponer
otra intercambiar ideas
****************************
Tiende tu mano al vecino,
Porque sí, por elegancia,
Que no todo sea ganancia
A lo largo del camino.
Cambia de sabor el vino
Cuando no hay con quien brindar.
Que harás con atesorar
Y ser opulento en bienes,
Si entre tus bienes no tienes
El bien supremo de dar.
transparente la intención
piedad en el corazón
vivir y dejar vivir
ofendido perdonar
o echar la ofensa al olvido
hablar con hondo sentido
hablar y dejar hablar
aunque te sobre razón
y estar convencido creas
es imperioso que seas
capaz de condescender
una cosa es imponer
otra intercambiar ideas
****************************
Tiende tu mano al vecino,
Porque sí, por elegancia,
Que no todo sea ganancia
A lo largo del camino.
Cambia de sabor el vino
Cuando no hay con quien brindar.
Que harás con atesorar
Y ser opulento en bienes,
Si entre tus bienes no tienes
El bien supremo de dar.
Algo de Antonio Alejandro Gil, para su deleite
No nací para enemigo y he tenido amigos buenos, o fueron buenos al menos al enfrentarse conmigo. Porque coseché mi trigo sin molestar al lindero, de la vida en el tablero tuvo suerte mi ajedrez; y he llegado a la vejez consecuente y compañero.
Todo ha sido comprender tolerar y respetar que todo ser es impar, uno, en su modo de ser; que lo que suelo querer puede a otros disgustar; nunca olvido al estampar tintadas las manos mías, la diferencia en estrías que hay de pulgar a pulga.
Todo ha sido comprender tolerar y respetar que todo ser es impar, uno, en su modo de ser; que lo que suelo querer puede a otros disgustar; nunca olvido al estampar tintadas las manos mías, la diferencia en estrías que hay de pulgar a pulga.
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