martes, 15 de agosto de 2017

Nico

Esa tarde lo vì entrar, me preguntò si podìa apoyar su paraguas empapado en la columna a mi lado y -tras asentir- lo escuchè alejarse:"què tiempo horrible..."
Su cabello rubio, mojado, me recordaba las espigas de los campos de  trigo que atravesabamos de nña, con mi tìa Irma. Llevaba puesta una camisa gris, tan gris como lo era toda su imagen en conjunto, si hasta su existencia se adivinaba gris, pero aùn el màs opaco grafito iluminarìa el entorno mas que èl. Casi no existìa.
Fuè en esa noche gris que adivinè su mirada en mí,  y devolvì la mirada; recièn ahì descubrì esos ojos de fuego lìquido, como caramelo a punto, como otoño a las 6...estaba vivo.

lunes, 14 de agosto de 2017

De tu mano

Adoro tu vida pequeña, tu vida simple. Esa de dar alimento a las palomas moribundas que rondan las veredas del desamor. Esa de recibir el sol en un banco despintado de plaza melancólica, cubriendote la cabeza con un pañuelo, pañuelo de algodón...en un mundo descartable vos decidiste seguir usando pañuelos de algodón.
Con el vapor que emanaba de la taza de mate cocido y que empañaba mis anteojos "multidimensionales " me sorprendió el recuerdo de cuando me llevabas (a la rastra) de la mano; doblando la esquina del campanario de la histórica iglesia , por Paraná, apenas girábamos hacia la izquierda un remolino de hojas secas provenientes de la plaza al final de la calle me despeinaba acariciandome la cara por si no me hubiera despertado todavía, llegábamos al Jardín y ahí quedaba yo, con los los ojos que parecían cada vez mas grandes y enormes al alejarte.
Adoro tu mundo complejo de camisas de puños impolutos, arremangados -mangas largas aún en veranos sofocantes-; ése de libros leídos por la mitad unos, finalizados otros, con tiras de papel demarcando páginas de citas importantes.
Adoro tu modernidad de canas color plata recién cincelada, de anteojos de carey y bufandas tejidas a mano.
Adoro tu aroma de libro antiguo, de siglo atrás.

lunes, 7 de agosto de 2017

Irresponsable

Pensé en éste como en el último epílogo, así, dandote el sol en la frente parado en la ochava.
Pensé en éste como en una tarde penosa de iridio...nada mas frío que tu mirada, nada más sombrío que mi alma. Ni siquiera pude sostenerte la mirada, ya se me habían cristalizado hasta los pocos glóbulos rojos que me quedaban en el torrente sanguíneo, formando estalacticas angulosas y vacías de cualquier sentido.
Pero... si aprendí que en tu abrazo se diluían uno a uno los abandonos, se fundían las esencias; pero si ni siquiera conocés la noche en la que me dejaste inmersa, ésa en la que me acerco de puntillas hasta la ventana de tus párpados sólo para sentirte cerca y saberte bien.
No me dejes. No me dejes no porque yo te ame sino porque el sol vendrá cegandome con su luz blanca y gélida de inviernos y querrá despertarme.
No me dejes. No porque vos no me ames sino porque vas a extrañar este satélite que baila al compás de su inexorable órbita.
Seamos distantes pero estemos juntos, porque el universo es inconmensurable y puede albergar la libertad de ambos.
Separémonos, pero sigamos siendo uno.